EL REMORDIMIENTO
Antes de amanecer, entre la débil luz azul celeste que se colaba por la línea vertical que separaba la cortina del marco de la ventana, Simón contempló el rostro de Alicia, dormida con los ojos cemirrados, chorreando saliva por la comisura del labio, y la vio bonita, con las mejillas encendidas y un poco despeinada entre las almohadas. Contempló las teticas que sobresalían entre los bordes de la camisa de dormir y pensó que nunca había admirado una imagen más llena de pureza y ternura que ésta que ahora tenía frente a sí. Sin embargo, seis horas antes habían cambiado insultos del peor calibre y se habían ofendido con frases imborrables. Y si no se habían agredido físicamente era porque una repentina llamada telefónica había dulcificado el ambiente. Era Andrea, la hermana menor de Alicia, quien solicitaba con urgencia unos datos biográficos del general Rondón, que solo Simón estaba en capacidad de suministrarlos de memoria en ese instante de urgencias escolares. La descripción de la epopeya de los catorce centauros del Pantano de Vargas sumada al arrojo con que el propio Simón se vio envuelto dentro de una almibarada fantasía describiendo al coloso moreno compelido a salvar la patria por orden del Libertador y la ternura que ciertamente le inspiraba la quinceañera cuñada, hicieron que de un momento a otro olvidara el incidente con su esposa. De modo que cuando Simón colgó el auricular fue sencillamente a pedirle perdón a Alicia. Esta lo absolvió de mala gana y corrió a su cama a tratar de concentrarse en una revista de pasatiempos, hasta que poco a poco se fue quedando dormida. Simón, que era insomne, recomenzó la lectura de Los amantes del maniquí, de Sanders, mientras bebía grandes tasas de café, pero solo logró sentir torturantes complejos de culpa y feroces remordimientos.
Cuando vio que comenzaba a amanecer, Simón contempló con amor el rostro de Alicia, le besó suavemente la mejilla y recordó sin rencor el incidente de la semana anterior cuando hacían el amor luego de una reconciliación por celos y se vieron bruscamente interrumpidos por una llamada de Andrea, quien con su vocecita de Blancanieves pedía al cuñado unos datos sobre Otelo, el moro de Venecia.
sábado, 20 de marzo de 2010
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