sábado, 20 de marzo de 2010

Los niños y la Internet




Definitivamente el profesor Alex es un bacan ;-)


Cuentos del lado Obscuro: La diversidad en los comics

Es viernes, y estoy muy contento de tenerlos una vez más aquí, donde podemos conversar acerca de temas comiqueros de nuestro interés. Esta vez, quisiera abordar un tema que tarde o temprano se tenía que tocar: Hemos hablado mucho del amor, las bodas y la familia dentro de los comics, pero algo falta. Ya en otras entregas de éste, su espacio, hemos dicho que las historietas son elementos que reflejan nuestro mundo, y que pueden ser usados para contar cualquier tipo de historia. Y sin embargo, algo falta. Algo importante. Algo así como un tercio de la humanidad, que no es representada con regularidad en las historietas. Así es, creo que es hora de hablar del papel de las minorías sexuales en los cómics.

Obviamente, éste es un tema de reciente ingreso al mundo del cómic. Hace apenas viente años, tocar siquiera este tema (en especial, dentro de nuestra cultura hispanoparlante) era impensable en este medio. Las historietas eran consideradas como entretenimiento exclusivo para niños – aún hoy en día es muy difícil quitarles ese estigma – así que cualquier mención de cualquier conducta sexual diferente a la norma establecida tenía que ser removida de preferencia, o, si tenía que ser aludida, entonces era usada como elemento de comedia nada más (por ejemplo, tomemos como ejemplo la clásica rutina de Bugs Bunnny, donde el Conejo de la Suerte se disfrazaba de mujer para despistar a su adversario, y luego coqueteaba con él, le daba un gran beso, y entonces le revelaba su verdadera identidad, humillándolo). Los cambios dentro de nuestra sociedad aún no están dados del todo para que, algún día, se pueda mostrar sin problemas a un protagonista de una historieta mainstream que viva y prospere fuera del paradigma de la pareja heterosexual. Más allá del sensacionalismo, más allá del morbo o del deseo de hacer bati-chistes al respecto, la necesidad de mostrar personajes gay o bisexuales en historias de consumo popular – como los comics – se hace evidente ante la (rara vez sutil) reacción que suele acompañar a estas apariciones del tercer sexo dentro de las páginas de una historieta.

Pero, un momento ¿No hay ya suficientes personajes pertenecientes a una minoría sexual en los comics contemporáneos? Todavía se comenta el revuelo que causó la revelación de que Northstar, miembro de Vuelo Alfa, era gay (el primer superhéroe abiertamente gay). Aún tenemos presente que Mystique y Destiny, de las páginas de los Hombres X, eran mucho más que amigas. Todavía recordamos el caso de Sarah Rainmaker, de Gen13, y aún no nos reponemos de la sorpresiva revelación (sorpresiva para mí, al menos) de que la oficial Renee Montoya, de las historietas de Batman, era lesbiana (al igual que Batwoman, su pareja). Eso sin contar a Maggie Sawyer, el Chico Elemento (de la Legión de Superhéroes ), la vampiresa Purgatori, etc, etc. Definitivamente hay varios personajes qué mencionar. Pareciera que la tolerancia del mainstream está creciendo, por lo que ¿A qué me refiero con eso de la necesidad de más personajes gay en las historietas? Y a todo esto, ¿Por qué es “necesaria” esta presencia dentro de los comics?

La anterior pregunta puede pecar de ingenua a los ojos de una persona del tercer sexo, pero, por desgracia, es una pregunta pertinente para muchos comiqueros que no han tomado el tiempo para reflexionar acerca del tema. Y es pertinente porque, para el comiquero “normal”, la omisión de todo personaje gay en un cómic es algo inocente. Archie no tiene amigos gay ¿Y qué? No hay héroes gay en la Liga de la Justicia (al menos, no los héroes más comúnmente asociados con la Liga) ¿Y qué? De hecho, fuera de los numerosos webcomics e historietas independientes que abundan por ahí, no hay personajes de tiras cómicas que sean homo o bisexuales, pero eso no es el fin del mundo ¿O si? Eso no implica necesariamente que no haya tolerancia… ¿O si?

Aunque a muchos de nosotros no nos parezca importante representar a dicho segmento de la población dentro de los comics que leemos, para estas personas la omisión de su existencia es un acto agresivo, violento, que los aleja del universo comiquero que ustedes y yo damos por sentado. Muchos se preguntarán “Pero si hoy en día ya son mal vistos los estereotipos ofensivos contra esas personas, y hasta existen muchos personajes gay ¿Qué eso no demuestra tolerancia?” A eso precisamente hay que referirnos: A la tolerancia hacia quienes son diferentes, una marca de nuestros tiempos. Si uno quiere ser moderno, hay que aprender a ser tolerante. Y es exactamente por eso que hacen falta más personajes diferentes dentro de los comics.

Porque toleramos a estas personas, pero no las aceptamos. No del todo.

La figura del homosexual, aún hoy en día, está rodeada de ese estigma de controversia. Basta ver las historias donde aparecen los ya mencionados personajes gay. A menudo se les ve justificando su existencia ante otros, o educando a sus amigos menos sensibles acerca de qué es lo que es o no correcto a la hora de dirigirse a ellos. Es como si tuvieran un letrero en la frente que anunciara que no son heterosexuales, y que invitara a todos a debatir al respecto. Mientras que a Rainmaker puede hacerle gracia el dejar a sus amigos y a extraños por igual con la boca abierta cada vez que ella hace un comentario sugestivo, la mayoría de los personajes de su condición seguramente desearían ser menos conspicuos. Aunque todos los amigos y allegados de estos personajes comenzaran a darles su apoyo públicamente y a poner en la mesa de debate argumentos a su favor, es posible que los personajes gay del mundo del cómic prefieran ser participantes en la plática, en lugar de ser el tema del debate. Es por eso que la entrega de hoy es un “Cuento del lado obscuro”, porque el nuestro es el lado obscuro en esta ocasión, y es obscuro porque aún no se ha sacado este tema de la diversidad a la luz lo suficiente como para que deje de ser una cuestión de controversia. Hasta la próxima.

Los Cuentos de Díaz

EL REMORDIMIENTO


Antes de amanecer, entre la débil luz azul celeste que se colaba por la línea vertical que separaba la cortina del marco de la ventana, Simón contempló el rostro de Alicia, dormida con los ojos cemirrados, chorreando saliva por la comisura del labio, y la vio bonita, con las mejillas encendidas y un poco despeinada entre las almohadas. Contempló las teticas que sobresalían entre los bordes de la camisa de dormir y pensó que nunca había admirado una imagen más llena de pureza y ternura que ésta que ahora tenía frente a sí. Sin embargo, seis horas antes habían cambiado insultos del peor calibre y se habían ofendido con frases imborrables. Y si no se habían agredido físicamente era porque una repentina llamada telefónica había dulcificado el ambiente. Era Andrea, la hermana menor de Alicia, quien solicitaba con urgencia unos datos biográficos del general Rondón, que solo Simón estaba en capacidad de suministrarlos de memoria en ese instante de urgencias escolares. La descripción de la epopeya de los catorce centauros del Pantano de Vargas sumada al arrojo con que el propio Simón se vio envuelto dentro de una almibarada fantasía describiendo al coloso moreno compelido a salvar la patria por orden del Libertador y la ternura que ciertamente le inspiraba la quinceañera cuñada, hicieron que de un momento a otro olvidara el incidente con su esposa. De modo que cuando Simón colgó el auricular fue sencillamente a pedirle perdón a Alicia. Esta lo absolvió de mala gana y corrió a su cama a tratar de concentrarse en una revista de pasatiempos, hasta que poco a poco se fue quedando dormida. Simón, que era insomne, recomenzó la lectura de Los amantes del maniquí, de Sanders, mientras bebía grandes tasas de café, pero solo logró sentir torturantes complejos de culpa y feroces remordimientos.
Cuando vio que comenzaba a amanecer, Simón contempló con amor el rostro de Alicia, le besó suavemente la mejilla y recordó sin rencor el incidente de la semana anterior cuando hacían el amor luego de una reconciliación por celos y se vieron bruscamente interrumpidos por una llamada de Andrea, quien con su vocecita de Blancanieves pedía al cuñado unos datos sobre Otelo, el moro de Venecia.

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